Editorial – Revista Anagénesis N.8

Resulta obvio, sobre todo en un contexto social como el nuestro, lleno de desconfianza frente a la institucionalidad, al poder jerárquico y a la falsa representatividad del Estado, que aparezcan voces desesperadas y apocalípticas, frases en los muros llamando al caos, marchas en contra de esto y lo otro, entre otras manifestaciones claras que repudian la hipócrita hegemonía de los/as de siempre, de esos/as que se esconden detrás de la “democracia” para darse espaldarazos, con los ojos fijos en estadísticas enajenadas e intereses personales, mientras nosotros/as, sin mayores expectativas, seguimos jugando al sálvese-quien-pueda y a pegarle codazos al que viene atrás.

Sin mayores novedades ni propuestas convincentes, han seguido pasando los años, se han formado nuevas colectividades, cada vez se suma más gente al descontento general y todo sigue estando igual. Y es justamente esa conformidad, ese estado natural de las cosas, lo que debemos detener con urgencia, preguntándonos: ¿qué alternativas concretas hemos construido para reemplazar los modelos que creemos obsoletos? ¿qué herramientas hemos adquirido para dar forma a nuestras ideas? ¿haremos algo o esperaremos con los brazos cruzados el advenimiento de algún Salvador que baje a solucionarnos nuestra atrofiada política?

A partir de estas inquietudes y contradicciones, aburridos/as ya de tanta pataleta inútil, ideologías infértiles y discursos manoseados sin praxis posible, hemos querido revisar nuestro panorama y buscar salidas concretas, creando nuevas preguntas y facilitando respuestas, sumando a proyectos vinculantes que están en la misma sintonía y dejando atrás cualquier crítica rimbombante con fines autocomplacientes. Porque creemos que no basta con la denuncia ni con “acentuar las contradicciones” para superar el modelo que hoy impera, ya que ningún proceso revolucionario surgirá de forma espontánea, y sabemos que, si no vamos a construir después, no vale la pena destruir.

Para que se produzca un cambio abrupto es preciso, en primer lugar, dar forma a las condiciones morales y materiales que lo permitan y lo hagan sostenible en el tiempo. Es nece- sario acabar con las prácticas verticales, aumentar el poder de las bases y estrechar lazos con los proyectos que sigan una senda en común. Porque si todos/as somos libres de decidir nuestro destino y nadie manda, ¿para qué competimos? Sin necesidad de figurar ni ejercer un control frente al otro, la lógica de la competencia pierde sustento.

Por lo mismo, creemos que la autogestión es la base            9 para la construcción de una sociedad que se organiza desde abajo y, por ende, propaga un proyecto social horizontal y plenamente participativo, antagonista frente a la idea de “democracia” instaurada por los poderes fácticos y esa idio- sincrasia aburguesada que sólo busca la salvación personal y olvida la existencia del resto.

Creemos profundamente en estos cambios y, lo cual es aún más importante, los practicamos diariamente. De esos movimientos nació esta revista y esperamos que de esta revista nazcan nuevos movimientos. Lo demás son sólo fábulas y especulaciones. Mucho ruido y pocas nueces.

-Equipo Anagénesis

Por | 2018-11-29T21:50:07+00:00 noviembre 29th, 2018|Articulos|Sin comentarios

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