¿Cómo entendemos la niñez?

¿Cómo entendemos la niñez?
Por Gianella Pantanalli
Ilustración por Nómade
Publicado originalmente en Revista Anagénesis N.9, mayo 2017.

 — ¡Quédate en silencio y no molestes! De inmediato, me doy vuelta y veo cómo una agotada madre indica a su hijo –de no más de cuatro años– orden y disciplina. No puedo evitar ser invadida por una infinita ternura y empatía hacia la libertad de ese pequeño ser. A pesar de que cada vez tenemos más consciencia sobre el impacto de una buena niñez y juventud en la vida adulta, aún no nos ponemos de acuerdo sobre cuál es el parámetro para calificar ese bienestar y cuánto compromiso implica llevar a cabo esa calificación. Por eso, lo más práctico es aplicar orden y disciplina.

Sin embargo, pareciera ser que, tanto en las redes sociales como en las conversaciones cotidianas, la idea de que un niño ruidoso es un niño feliz se está propagando. A diario, todo tipo de publicidad nos bombardea con este mensaje. Pero, a pesar de sonar bastante razonable, es sumamente complejo hacerlo realidad o soportarlo, ¿no?

— Los niños hacen mucho ruido. He escuchado eso cientos de veces. Es que no entiendo muy bien por qué nos molesta tanto que se expresen. Al fin y al cabo, sólo están descubriendo el mundo y expresarse es necesario, ya que si ahogamos la curiosidad de los niños y las niñas a temprana edad, estaremos enseñándoles a obedecer y no a pensar (además de evitar que fluya su capacidad de comunicación, claro). Nuestro cuerpo y nuestra mente tienen límites insospechados y, tal como el universo, es necesario que los niños y las niñas puedan explorarlos.

Pero, ¿dónde queda la responsabilidad de educar, criar y poner límites a los niños y las niñas para que entiendan lo que está bien y lo que está mal? O antes de eso, ¿para qué estamos educando? ¿Estamos educando, adiestrando, formando, conectando, co-creando o reflejando? ¿Cuál es el lugar de los adultos y las adultas en relación a niños y niñas? ¿Habrá acaso preguntas previas para entender cuál es la función de la niñez en una sociedad o sobre qué es la responsabilidad?

— Un adulto sano fue un niño feliz. Esa frase la escucho haciendo eco al fondo. Para mí, un niño feliz es un ser que se está conectando con el sentir, las vibraciones y la naturaleza. Para mí, los niños y las niñas no tienen los velos que oscurecen nuestra adultez. No tienen los miedos que carcomen las bases de la confianza, del pisar firme esa tierra, porque al aprender a caminar sentimos que ya podemos todo. Si los adultos y las adultas acompañan y robustecen esa confianza, no hay forma de parar a ese ser que aterriza en nuestra dimensión y va aprendiendo a vivir en este plano terrenal, comunicándose y relacionándose con el medio.

Los niños y las niñas son seres transparentes y tienen siempre la respuesta en sus corazones, en su mente, en su ADN. Son seres impresionantes, con una sabiduría tremenda, y sería una gran idea comenzar a contemplar cómo se expresan. Los niños y las niñas aman, abrazan, sienten, se sorprenden y miran todo con los ojos muy abiertos. Cuando un niño descubre algo nuevo, no para de explorar hasta que sacia su curiosidad.

A veces, a los adultos y a las adultas nos hace falta recordar un poco de eso, porque es necesario tomar consciencia. Pero, ¿cómo puedo tener consciencia si para eso debo pensar y no tengo tiempo? Tiempo, ¿calidad o cantidad? O el problema de la violencia, a veces física y directa. Otras veces verbal. Y en otras silenciosa, como el caso de la indiferencia. La indiferencia que conlleva la invisibilización de la niñez, que sólo aparece en marzo para el inicio de clases, en agosto para el Día del Niño, en diciembre por la Navidad y muchas veces al poner atención en ella por el mal funcionamiento de las instituciones del Estado –como el SENAME, por ejemplo– o por el aumento de la participación de menores en delitos violentos; o uno que otro reportaje sobre la vida de los niños y las niñas en la calle. Trágico pero cierto.

Entonces, ¿desde dónde nos relacionamos con nuestros niños y nuestras niñas? Pues bien, hoy puedo indicar dos escenarios para recién comenzar a responder esta interrogante. El primero es que, como sociedad, invisibilizamos la niñez como un mecanismo cultural para hacer la vida más fácil, ya que es más cómodo hacer vista gorda de lo que niños y niñas nos están comunicando, antes de hacernos cargo. El segundo, completamente contrapuesto, es entender que crías a un ser que viene con toda la información y que sólo debes apoyarlo o apoyarla. Generar ese espacio. Poner límites, sí, pero no más allá de los que son estrictamente necesarios. Y lo más difícil de todo: aprender a disfrutar como ellos y ellas.

No olvides nunca que ese ser humano es tu responsabilidad.

Por | 2019-02-01T22:52:49+00:00 febrero 1st, 2019|Artículos|Sin comentarios

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