Apuntes para un nuevo escenario de las Artes Escénicas

Apuntes para un nuevo escenario de las Artes Escénicas
Por Andrea Ahumada

Ilustración por Constanza Marratrufa
Publicado originalmente en Revista Anagénesis N.9, mayo 2017.

1) En el Chile de hoy, existen pocas instancias en donde nos es posible observar la interacción del teatro como metodología para transmitir el conocimiento humano. El acto de la representación siempre fue un valor propio de nuestras tribus. Servía para traspasar conocimientos de una manera simbólica por medio del ritual, característica que aún conservan los taitas y sus tradiciones, por dar un ejemplo; a pesar de que muchos de aquellos ritos están impregnados de sincretismos propios de la colonización, que evidentemente han sucumbido al mundo de la “imagen” en el que vivimos, por lo cual han ido perdiendo su valor. Es ahí donde la gente supone que el teatro es una mera actividad escénica donde todo es lindo, todo es parte del espectáculo, pero se olvidan de que el teatro es un medio de transformación política, social y relacional.

2) En el contexto actual de Chile, y desde una mirada pedagógica teatral, pude observar e interactuar con la niñez. Fue una instancia formal –en la medida en que los jardines infantiles lo son– enmarcada en el CECI (Centros Educativos Culturales de Infancia), programas con financiamiento del MIDESO, administrados por JUNJI. Estos son los únicos programas que funcionan con el cofinanciamiento de la comunidad donde se encuentran ubicados, en un tremendo esfuerzo de voluntades por parte de quienes tienen la esperanza de que el jardín se convierta en una entrega de valores y no en una transmisión de conceptos sin sentido, requisito básico para conocer el país en el que vivimos. En la Región Metropolitana, están distribuidos en poblaciones y lugares periféricos. Aquí se enseña a través del interés del niño y de la niña, utilizando el complemento de distintas disciplinas artísticas. En general, creo que representan una manera amigable y cercana de entender la educación como algo holístico, respetando la identidad de cada individuo o individua, su entorno social, considerando las habilidades y competencias propias de los niños y de las niñas, que se develan a través del juego, interacciones con sus pares y la democracia intrínseca como un valor humano. El fin es analizar la naturaleza humana sin prejuicio y sin miedo, en su estado más pulcro, la niñez, donde se debería aprender cómo es el mundo en que vivimos.

3) En su idioma lúdico, podemos evidenciar que el teatro surge como algo grabado en el psiquismo. La representatividad y el juego de roles es algo muy normal para los pequeños y las pequeñas, como un vínculo concreto a la hora de representar el mundo que habitamos. Según Loris Malaguzzi, los niños y las niñas tienen más de 100 lenguajes para comunicarse. Mi reflexión es: ¿Cómo permitimos que se pierdan en la medida que envejecemos? Es fácil entonces deducir que el arte de la representación –y seguramente todas las artes– surgen de manera espontánea desde una herencia inconsciente del colectivo. Efectivamente, si indagamos en nuestra historia como sociedad occidentalizada, llegaremos a que no hace mucho tiempo –sin contar a las tradiciones que sobreviven a la “evolución” del mundo contemporáneo–, nuestras tribus traspasaban el conocimiento humano, sus tradiciones  y ritos, su cultura y su sabiduría, de generación en generación, utilizando el arte como un método a través del cual logramos un aprendizaje significativo para la vida.

4) Cuando en Chile se plantea la necesidad de generar reformas en materia de educación, en realidad debiéramos estar planteando cómo recobrar al ser humano integral, que en plena revolución industrial sólo se preparó para ser un operador más, alguien “útil” para la sociedad, sin capacidad de reflexión; incluso en contra de su voluntad, obviando además sus intereses, su contexto y la diversidad que significamos como sociedad, siempre diferentes y convergentes a la vez. Continuar con ese pensamiento es seguir invirtiendo en un terreno infértil. La necesidad del cambio debe realizarse en las acciones y con las voluntades necesarias.

5) Si dejamos de pensar en el teatro como algo meramente escénico –es decir, que su conocimiento abarca más que el producto representado, la obra o su representación teatral–, lo entenderíamos entonces como el resultado de la observación de la vida, ese caos ordenado, donde se ponen en juego habilidades y competencias que tienen sentido para la gente que lo experimenta; que entiende al ser humano desde su particularidad hasta su universalidad; que pone a prueba su creatividad, pero además es capaz de desarrollar su pensamiento crítico, su empatía, el lenguaje, el movimiento, el cuerpo, el espacio, el ritmo y su capacidad de reflexionar acerca de nosotros y nosotras como individuos e individuas que forman parte del mundo que nos rodea, dentro de esta realidad continua y cambiante, donde la inteligencia deberá será medida en tanto pongo a prueba mis capacidades de adaptación y resolución de conflictos.

6) Cuando hablamos de aprendizajes significativos, en realidad estamos pensando en acciones que en su experimentación generen una transformación en nosotros y nosotras, que nos permitan avanzar de manera consciente. Dentro de ello, el ensayo y error –este último visto desde una consecuencia de la experimentación– nos permite acumular una cantidad de experiencia que nos define como individuos e individuas, forjando el carácter que nos hace únicos y únicas.

7) Para conocer lo que necesitamos como sociedad, es imprescindible que exista una investigación local del universo que desconocemos. Desafortunadamente, no existe apoyo económico para que así sea, y esto queda sólo al alero de lo que otras áreas pesquisan. Conocer el lugar en el que nos desarrollamos y entender las diferentes formas de seres y de sus necesidades es la génesis de una reforma, es lo que nos permitirá relacionarnos y entendernos, porque finalmente educarnos contempla mucho más que lo racional, lo académico y lo intelectual; es algo íntegro como el ser humano mismo.

8) No es sorpresa pensar que la indumentaria escolar, el tipo de jornadas de clases y los conceptos entregados como aprendizajes esperados según el rango etario, ya no responden a las necesidades sociales. Lo cierto es que la educación no está preparándonos para el mundo en que vivimos. Sigue, como de costumbre, utilizando la naturaleza del miedo para decirnos qué y cómo se debe, olvidándonos como individuos e individuas. Esto hace que el ir a la escuela se transforme, en la actualidad, en un acto automático; en el tedio de deglutir “conceptos” –por parte del profesorado– en las bulímicas mentes de los alumnos y las alumnas, pues supone que ellos y ellas carecen de patrimonio cultural e intelectual previo. Además, representa una sobreinformación de saberes que no responde a los intereses reales, pues cuesta a veces encontrarle el sentido a lo que nos obligan a hacer. Esto sólo genera seres humanos inseguros e inconscientes, totalmente descontextualizados y, sin embargo, ávidos de cambios.

9) Creo que poner en práctica estos puntos es un paso importante a la hora de generar cambios verdaderos. Algunos gremios ya han comenzado a reconocer estas necesidades de preservar el patrimonio cultural de nuestro país y han comenzado a realizar acciones concretas. Una de ellas es la aprobación de la ley que integra al teatro al aula como parte del currículum. Sin embargo, es un trabajo que ha venido realizándose de manera muy austera, sólo gracias a la creatividad y a la fiel creencia de personas con convicciones y sueños, que sin duda tienen una experiencia adquirida que no es menor y  que debe ser reconocida, valorada y promovida como nuestro patrimonio artístico-cultural lo requiere.

Por | 2019-02-06T20:16:26+00:00 febrero 6th, 2019|Articulos|Sin comentarios

Deje su comentario