Las niñas y los niños no son el futuro, son su propio pasado y presente

Las niñas y los niños no son el futuro, son su propio pasado y presente
Por Maxi Astroza-León
Ilustración por Carlos Busquetz
Publicado originalmente en Revista Anagénesis N.9, mayo 2017.

“Los niños son el futuro de Chile”, dicen quienes poco piensan en las niñas y en los niños. “Me porto bien en casa y también en el jardín”, canta la letra de una conocidísima canción, cuando se trata de obtener premios y beneficios a cambio de una obligación. “Estudia una buena profesión”, que te recompense con dinero y fortuna, para que cuando anciano tengas “dónde caer muerto”, y no seas un fracasado o una mantenida. Frases que se suman unas a otras, para construir un sistema educacional al cual todo adjetivo, tal como autoritario o rígido, no le revela del todo; ideas que se concretizan en asientos duros de los cuales no pueden pararse estos alumnos y alumnas que deben estar en silencio y sin moverse; salas cuadradas o salones preparados para las exposiciones del director de la Unidad Educativa, UE, cual Unidad Militar, UM, en fiestas patrias, religiosas, aniversarios y en cuanto hay.

Promueven valores que endurecen los corazones de las niñas y los niños; argumentos todos que avalan los cuarenta y cinco minutos –hora pedagógica– en los cuales el docente debe realizar la clase para la cual se le paga $13.500 pesos o un poco más. Dejar un café a medio beber en la mesa llena de guías y pruebas por revisar, apurar el paso para pescar el libro de clases, el libro del estudiante –que contiene los contenidos de la lección–, el libro del profesor –que contiene las actividades sugeridas/obligatorias por el Ministerio–, llegar a la sala de clases, dar gritos para que cada alumno y alumna limpie su lugar de trabajo, tome lugar, salude a su profesor o profesora, se siente, saque sus materiales de trabajo, al tiempo que el docente pasa lista, pide justificados de inasistencia, revisa y completa el leccionario, se dirige al pizarrón para comenzar con la lección del día… o tal vez interrogue, pues en dos días debe tener al menos una calificación más; quedan pocas semanas para el término del año escolar. Cuarenta y cinco o noventa minutos para los cuales los y las escolares se preparan, cumpliendo con la obligación de ir a la escuela entre las 08:00 y 16:05 hrs., con las tareas o actividades, repitiendo las materias, respondiendo pruebas, ensayando rutinas. Horas en que padres y madres, apoderados y apoderadas, se ilusionan con los resultados de sus hijos e hijas, si éstos y éstas son mejores que ayer, tienen mejores calificaciones que las de los otros y las otras, de los hijos y las hijas de su vecindad o su jefatura… si cumple con los requisitos para ascender en la escala social. Una sociedad para la cual la educación es un factor productivo, tal como la tierra, el trabajo o el capital.

Y no es sólo el director o la directora, el o la docente, quienes adolecen de espíritu renovador, sino que el Estado también continúa desarrollando formas de perpetuación de su poder, sea a través tanto de la violencia material como de la violencia simbólica, travestida esta última no como carga sino como deber del ciudadano y la ciudadana –del buen ciudadano o la buena ciudadana–, que se manifiesta, por ejemplo, en la obligatoriedad de la enseñanza, especialmente de las niñas y los niños pobres, porque digamos también que no es lo mismo ser alumno o alumna de familia pobre que de familia rica. En este sentido, las leyes de obligatoriedad fueron celebradas a lo largo del continente y perfeccionadas a lo largo del siglo pasado, en términos de cobertura educacional, pensando en la erradicación del analfabetismo y la estandarización de conocimientos que posibilitaran un desenvolvimiento de la mano de obra en ciertas labores, como también de insuflar en las gentes un espíritu, que pasa por encima de la lucha de clases y se instala en el patriotismo o chauvinismo. Así, las metamorfosis producidas al interior de las instituciones educativas en términos de infraestructuras, materiales educativos e incorporación de tecnologías, a la par de modificaciones determinadas en los planes y programas de estudio –tanto de los alumnos y las alumnas como de la formación de profesores y profesoras de todos los niveles– en los contextos de políticas públicas gubernativas que han marcado la historia política de América Latina en el siglo XX, reflejan la diversidad de proyectos culturales subordinados a los valores de la élite: desde el individualismo neoliberal al colectivismo estatista; desde el conservadurismo religioso al laicismo radical.

De allí que los hilos que unen las metamorfosis descritas tienen un factor común y pocas veces señalado: la sumisión de la niñez y la juventud como un valor positivo ante las decisiones adultas; la negativa ante su creatividad y el apartamiento de su visión de mundo, tomando como centro los arbitrajes de la mujer como madre que cría y del hombre que deposita su legado en estos seres no formados, trasvasijando en ellos y ellas todas sus cualidades y defectos.

Lo dicho hasta aquí no es nada nuevo, nada revelador. Julio Barcos hace casi un siglo desentraña algunos de los tabúes pedagógicos que poco o nada se mencionan en las actuales escuelas de Educación: el maestro y la maestra NO educan, si es que logran algo, con mucho entregan instrucciones; las niñas y los niños se pertenecen a SÍ MISMOS y a SÍ MISMAS; la educación, como práctica humana, es DE TODAS las personas, no le pertenece a grupos (profesorado, gobiernos, empresas, partidos, religiones, grupúsculos). Sin embargo, un aire nuevo, no tanto en la sustancia, sino en el ánimo y su aplicación, hemos visto posicionarse: la comunidad autoeducativa.

La educación no sólo como una práctica instructiva institucional, sino comunitaria, que rescata la solidaridad en tanto es colectiva, que desarrolla la personalidad en tanto valida al individuo o a la individua. Saberes y sabores del conocimiento, que en su pluralidad logran revalidar las alternativas de enseñanza que cada pueblo ha ido construyendo en relación a la naturaleza: de oficios, formas de alimentación, de ocupación de materiales y manufacturación. Educación contextuada, pero que está abierta y en relación a aprendizajes del mundo, valorando los elementos que contribuyan al equilibrio y que tiendan a la felicidad.

Junto a los diseños instruccionales, son los modos evaluativos los que también forman el círculo del sistema educativo. Esto último ha significado, desde la época en que fue escrito Cómo educa el Estado a tu hijo hasta ahora, en forma particular para el maestro y la maestra, la transformación de éstos en proletarios y proletarias intelectuales. Esto significa que el magisterio es docencia subordinada a normas establecidas por instituciones estatales, religiosas, capitalistas, que baja la mirada ante la estandarización de objetivos, planes, programas de estudio y evaluaciones. Se vacía de contenido la palabra maestro o maestra. No se le otorga sentido a la acción dialógica de aprender y se coloca el acento en calificar, a la sazón, en buenos y malos, buenas y malas. Alumnos y alumnas, profesores y profesoras que logran resultados, no importando el sentido de éstos. ¡Maestra, Maestro: por cada prueba que corriges, por cada minuto invertido en enseñar la historia del conquistador, hemos perdido valiosos instantes de una educación como acto comunitario, libertario y de justicia social!

Por lo tanto, en los aprendizajes son los juegos, alegrías, amistades, y también los fracasos, dolores y obstáculos, los elementos consustanciales e indisociables. “Pan e instrucción es el verdadero progreso”, señaló Élisée Reclus. Y en gran parte estamos de acuerdo con él, abiertos siempre a ajustar aquella apreciación: cada tiempo tiene su ritmo, cada generación provoca sus preguntas, y tal vez sea nuestra generación la que deba preguntarse por la comunidad autoeducativa. Si por intermedio de la educación se libera una persona, sólo una, ya habremos ganado una oportunidad para todos y todas en la realización del ideal del buen vivir, de la felicidad, de la libertad y de la igualdad.

Por | 2019-02-06T19:47:14+00:00 febrero 6th, 2019|Articulos|Sin comentarios

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