Pequeñas mentes abiertas y un devenir colectivo

Pequeñas mentes abiertas y un devenir colectivo
Por Fernanda Rendic Munizaga
Ilustración por Ángela Durán Oyarzo
Publicado originalmente en Revista Anagénesis N.9, mayo 2017.

¿Y qué pasa?

Aquí, aquí, allá el mundo sabe

que tu sabes respirar el arcoíris.

El mundo sabe porque es testigo y soporte de la experiencia.

El mundo que está ahí/aquí

sostiene las infinitas experiencias

que se realizan en el devenir del acontecer.

En el acontecer hay multiplicidad de voces, expresiones, formas de percibir, de asir la realidad. Y la realidad se construye más bien de manera colectiva, probablemente dialogando.

Es que se aprende cuando se tiene espacio. En el espacio cabe la pregunta, se piensa, se comparte, se construye. Para tener espacio de participación hay que tener un lugar que sea reconocido, escuchado, visto, considerado como un actuar y decir válido. Ser un interlocutor válido en la sociedad organizada. Mostrar distintos caminos, visiones.

No basta con enseñar, no hay nada que enseñar si no se construye el aprendizaje y el devenir en conjunto. Porque el devenir es colectivo, es de todos y todas, y todos y todas tienen derecho a construirlo.

Me refiero a la participación misma. Que participen todos y todas, quienes viven para que vivir sea mucho más interesante, divertido, atractivo; y entonces sabroso. Para eso que participen sobretodo los y las que pueden transformar las estructuras hegemónicas, totalizantes, reproductivas y anticuadas.

Entonces, que participen los niños y las niñas, y lo que dicen sea, por favor, tomado en cuenta, puesto sobre la mesa, servido como plato de fondo. Menos mal que se dejó, al menos en la teoría, de pensar que los niños y las niñas son adultos y adultas en miniatura. Que la niñez sea concebida como una experiencia del ciclo vital, cualitativamente diferente de la adultez, es el primer paso para considerarla como un enriquecimiento en el ámbito de las perspectivas vitales, o puntos de vista.

El paradero de la niñez en la sociedad actual –moderna contemporánea liberal global virtual– es un lugar de espera infinita, es el lugar de la nada, de la negación, de lo inmaduro, de lo que no está listo. La niñez dejó de ser una forma de adulto poco desarrollado que al aumentar de tamaño aumentaba en sabiduría y conocimiento, por fin dueño en algún sentido de sí mismo. La niñez pasó a ser un ser flotante de los brazos que lo sostienen, pasó a depender intensamente del cuidado del adulto o la adulta que, en muchos casos, contaminado o contaminada por el miedo y otros sentimientos confusos, comienzan a dominar como ya fueron dominados y dominadas, y reproducen la lógica de la propiedad sobre lo otro, del control, de la expansión del poder; la lógica del colonizador que impone su lengua y religión sobre el otro o la otra.

Lo que pienso es que hoy la niñez es sobreprotegida, más dominada, manipulada, descuidada. La niñez se dejó a la deriva del dominador: un público objetivo, un difusor de información, show de talentos escolares.

La niñez debe tomar su lugar de posibilidad de exploración constante y permitir la libertad legítima de elegir cómo ser, cómo hablar, cómo expresar, qué vivir.

Por eso, experiencias que permitan exploración, actividades que promuevan la creación colectiva sin el juicio del experto adulto y maduro que puede calificar una obra. Que afecte. Experiencias que afecten, que interrumpan procesos cotidianos para que el espíritu se vea obligado a transformar su quehacer, y entonces, buscar nuevas respuestas, caminos, formas de responder a lo que ahí en frente está.

Experiencias serias como una conversación honesta.

Experiencias reales de conversación en el sentido del encuentro con otro u otra, de compartir la realidad, la unidad tiempoespacio del encuentro.

Por | 2019-02-06T20:53:22+00:00 febrero 6th, 2019|Articulos|Sin comentarios

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