Porvenir Comunitario

Club Deportivo y Social Porvenir Comunitario, Puente Alto.
Publicado originalmente en Revista Anagénesis N.9, mayo 2017.

No se puede avanzar si no sabemos por cual senda vamos. Hay que mirar hacia atrás y ver los antiguos pasos. Situarse en el presente, de manera en que nos sintamos en un buen caminar, debe conllevar siempre apreciar el pasado.

Antes de comenzar con esta iniciativa, y haciendo el ejercicio de mirar atrás, nos percatamos de que  no existían ciertas dinámicas de camaradería dentro de la población, en donde se revelara un carácter familiar entre los vecinos y las vecinas en el día a día. Comprendimos así que todas estas formas de relacionarse fueron devastadas por el capitalismo, imponiendo e insertando el individualismo y la competencia, mostrándose en la atomización de los hogares con familias de núcleos cerrados, con recelo a los vínculos, forjando un sujeto carente de empatía y sumamente desconfiado. Sin duda, una generación traumada y afectada que le traspasaba el miedo a sus hijos e hijas.

Niños y niñas queriendo jugar. ¿Qué es jugar si no mirarse a los ojos? ¿Juguemos todos y todas? ¿Volvamos a mirarnos? Por qué no, dijimos. La plaza, como si nos esperara ansiosa, nos invitaba a ocuparla. La cancha nos gritaba. Acudimos a ese llamado, que no era más que las ganas de volver a encontrarse, y qué mejor que jugando a la pelota. La invitación no demoró en sentirse: ¡Niño, niña! ¡Escuela de fútbol barrial, mixta y gratuita! Era lo que nos hacía sentido. Combatir los bastiones de la cotidianidad nefasta con valores de fraternidad, apoyo y solidaridad, pero no en la consigna. Los gallos se ven en la cancha, dicen, y ahí es donde se empezaba a dar algo muy interesante. La gente nueva, los niños y las niñas, los pequeños y las pequeñas, sabemos que están menos ensuciados y ensuciadas por la inconsciencia. Por lo mismo, la Biblioteca Autónoma aledaña a la cancha era coherente en tanto a la combinación de mente sana y cuerpo sano. El aprendizaje se daba integro. A medida en que se trabajaba la velocidad, la coordinación y la resistencia, se iba naturalizando el hecho de que existiesen mujeres dentro del juego. Las patadas y las discusiones eran escasas, y si alguien se caía, importaba más el atender al caído o a la caída que ir en busca del balón. Se respiraba una atmósfera cariñosa que, pasando las clases y encaminándonos en el proceso, nos daba cuenta de que todos y todas aprendíamos.

Uno de los principales errores de la enseñanza radica en entregarle la labor pedagógica a las instituciones, en donde la escolarización juega un rol determinante en la configuración de la personalidad. Por eso es que se notaba diferente cada jornada sin un profesor “dueño de la verdad”, ni con una amenaza de castigo por delante. Las mamás y los papás de las y los participantes estaban fuera de la cancha, pero no desprendidas ni desprendidos de sus seres más queridos, más bien, atentas y atentos con orgullo, cosa que daba paso a que dejasen desarrollar las habilidades libremente. Esa confianza depositada, creemos, debido al  entusiasmo en las prácticas anti-autoritarias, tildó al taller de fútbol como la nueva “escuelita”.

La constancia de vernos dos veces por semana, sumado a la inclusión de más gente a la escuela de fútbol, empezaba ya a dar frutos. Los niños y las niñas ya empezaban a generar grandes amistades y la cancha era el esperado punto de encuentro. La autogestión no se demoró en funcionar y se cristalizaba así una identidad en base a la autonomía, el amor y la comunidad.

La propuesta es clara: volver a encontrarnos. Promover una política social que busca recuperar los espacios inutilizados para darles vida. Asimismo, acercarnos a una vida digna. Situaciones complejas como de precariedad en el barrio o casos de pequeños y pequeñas que tomaban medicamentos fuertes e invasores, se atendían desde nuevas formas de relacionarnos, desde el afecto y el acompañamiento.

La niñez es donde se descubre la vida. Es por eso que tenemos que crear instancias en donde ese descubrimiento sea lo más limpio posible. Lo más ligero y sano. Asumiendo que somos humanamente iguales y que en tanto actuemos fieles a la reciprocidad con la naturaleza y nuestros pares, podemos formarnos como seres que aportan al buen vivir. Se hace urgente devolver la niñez a quienes se la arrebataron. ¡Todos y todas somos niños y niñas! Mientras lo entendamos así y aborrezcamos el adultocentrismo, podremos al fin deconstruirnos y paso a paso acercarnos a un porvenir comunitario.

Equipo 12 de Octubre

¡Del barrio y solidario, PORVENIR COMUNITARIO!
¡Del barrio y solidario, PORVENIR COMUNITARIO!

(AFAFAN)

Por | 2019-02-06T20:28:03+00:00 febrero 6th, 2019|Articulos|Sin comentarios

Deje su comentario