Sugerencias para editores independientes

Sugerencias para editores independientes
Por Patricio A. Bascuñán
Ilustración por Ara Xilos
Publicado originalmente en Revista Anagénesis N°8, 2014.

Desde la experiencia recogida de diversos actores inmersos en el quehacer editorial, donde nos incluimos con nuestra acotada existencia como revista (y como editorial independiente en potencia), se ha desarrollado la siguiente propuesta –a modo de sugerencia- de ejes o pilares para proyectar un trabajo de editorial independiente. Tomando en cuenta las vicisitudes que se presentan frente a cualquier iniciativa editorial, sobre todo si es motivada por criterios reacios las leyes de la oferta y la demanda,  se expondrán aspectos a considerar, tanto en  la práctica como en el discurso, que puedan ayudar para llevar a buenos términos la proeza de editar, ojalá de forma sostenida, sin regirse por el mercado ni las buenas costumbres.

Definir línea editorial

Hay que entender que toda editorial posee una identidad, una personalidad única que la hace reconocible, la cual se construye a partir de su interacción con el entorno social. Todos aquellos encuentros de la editorial con su medio, ya sean los títulos que editan, sus portadas, los eventos que organiza, etcétera, van configurando un discurso amplio que trasciende y aúna las expresiones particulares: la editorial construye una imagen pública que remite a conceptos que se escapan al estricto quehacer de edición. Por consiguiente, definir una línea editorial no debe acotarse a meros aspectos de edición, sino que debe ser una pauta por la cual regir todo el accionar de la editorial, la cual, en la medida que sea consistente, permita al público entrever un discurso coherente entre los diversos componentes, claramente identificables como un todo coherente.

Para lograr eso, acotar. Definir y respetar un número limitado de tópicos o temáticas (quizás a costa de no editar al amigo), respondiendo a las inquietudes de un nicho de lectores específico (se explicará luego), entendiendo que pretender abarcarlo todo puede ser en desmedro de trabajar una temática de forma profunda y a cabalidad, definir colecciones para abordar las distintas temáticas selectas donde los títulos deben, en lo posible, ser reconocibles como parte de un conjunto, quizás fijando formatos, grillas y maneras de tratar la imagen.

Hacerse del sistema productivo

Tener a disposición los propios medios de impresión, ya sea adquiriéndolas de forma privada o por medio de cooperativas, permite con mayor facilidad editar proyectos sin la necesidad de ser éxito en ventas, en especial si el sistema permite imprimir en bajos tirajes. Esto principalmente por dos razones:1) la ausencia de terceros en el proceso productivo baja los costos; 2) si el sistema permite imprimir en bajos tirajes sin aumentar de forma considerable los costos, es posible invertir menos (y arriesgar menos) en cada edición, imprimiendo en la medida de que los libros se van vendiendo y no quedar con un gran stock de antemano, precisando por lo demás espacio para bodegaje.

Además el libro es la materialización de un esfuerzo colectivo, no debería porqué haber anónimos en su producción, el libro no lo hace el puro escritor. Todos los que dan forma al libro a lo largo de sus distintas fases de producción, ya sea con sus manos o intelecto, dejan una “huella” que, al ser debidamente reconocida, da cuenta de la humanidad que existe por detrás  del producto. Esconderla u omitirla es propio del fetichismo de la mercancía capitalista.

Se recomienda, para una editorial pequeña, trabajar con impresoras con un sistema de tinta continuo (“desbloqueando” la impresora como en el PlayStation, en este caso para utilizar tintas piratas) y, para una producción mayor, las máquinas Docutech (como las que posee LOM) u otra similar que permita imprimir en bajos tirajes.

No escatimar en calidad

El libro no es un mero portavoz del texto que lleva dentro, tiene como objeto un valor intrínseco. Fijar la atención en su confección y materialidad no tiene que ver con deleites aristocráticos, sino con dignificar el contenido, el objeto no debería mostrar menos dedicación ni cariño que el texto que lleva impreso.

No sea cagado, un papel ahuesado no le va a salir tanto más caro que un bond paliducho, el libro le va a quedar más lindo y, de pasadita, evitará dañar la vista de sus lectores con el molesto reflejo del blanco.

Articularse en redes

Si se tiene la inquietud de llevar a cabo un proyecto de editorial independiente, lo más probable es que sea por una función social (si es por hacerse lucas, claramente no es el mejor camino). Por lo mismo, cualquiera que sea dicha función que se reconoce o los objetivos que se pretenden lograr, por “utópicos” que parezcan,  no se encuentra solo. Forme vínculos con otras editoriales independientes, con organizaciones afines como bibliotecas populares, distribuidores, feriantes, con colectivos políticos y artísticos, etcétera. Entiéndase editor como un agente cultural más, como parte de un proceso mayor.

La competencia es ignorancia, mejor es apoyarse mutuamente.

Difundir sin trabas

“Luego de leer uno de estos libros entrégalo a quién creas que hará lo mismo cuando termine de usarlo. No lo conserves, pues privas a muchos de que lo puedan leer.

Todos los libros de la colección están disponibles en la red, en donde puedes descargarlos e imprimirlos si quieres una copia. La reproducción de los mismos está permitida y alentada por los editores. De estas formas las ideas trascendentales que estos contienen cumplirán efectivamente la función para los cuales fueron escritas, es decir, ser leídas por todos los que quieran hacerlo y no solo por quienes puedan pagarlo”.

Contratapa de un libro de editorial La Resistance.

Por | 2018-12-11T14:42:24+00:00 diciembre 11th, 2018|Artículos|Sin comentarios

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