Editorial – Revista Anagénesis N.9

Editorial Revista Anagénesis N° 9
Niñez y Juventud
Por Equipo Anagénesis
Mayo 2017

Durante estos siete años de trabajo, desde nuestra primera publicación el año 2009, nos ha tocado participar –y a veces organizar– actividades que han contado con la participación activa de niños, niñas y jóvenes. En la medida que vamos creciendo en edad, nuevas generaciones comparten nuestros mismos espacios, aportando desde sus visiones y con su propia energía en la construcción de lo que ha sido este proyecto colectivo de transformación. Lejos de pretender adoctrinar, hemos reconocido la importancia de relacionarnos y entablar diálogos con gente de menor edad, por un lado para darle proyección a nuestras prácticas e ideas, por otro para poner dichas prácticas e ideas en cuestión. Nos mueve, en este sentido, una suerte de mirada a largo plazo, entendiendo que nuestras causas y luchas rebasan el presente y lo circunstancial, en donde es preciso entablar puentes entre pasado, presente y futuro, que permitan dar continuidad a la organización social, la rebeldía y los anhelos de cambiar la realidad.

Asimismo, el contexto nacional e internacional que han vivido niños, niñas y jóvenes durante los años en que hemos trabajado el presente número, no nos han dejado indiferentes y creemos relevante no desconocer que esas circunstancias han incidido en nuestra reflexión y en la conformación de esta revista. Desde las alarmantes cifras de pobreza multidimensional en que vive la niñez en Chile, donde 1 de cada 4 niños y niñas viven en situación de pobreza; hasta la estremecedora realidad que desde el 2016 quedó al descubierto al interior del Servicio Nacional de Menores (SENAME), revelando que en 11 años, 865 niños y niñas habían fallecido bajo el “cuidado” de este organismo del Estado.

Es por esto que nos propusimos para esta revista reflexionar en torno a la niñez y la juventud. Este nuevo número, que tardó en decantar –fruto de un proceso extenso que demoró en su elaboración mucho más que lo presupuestado–, aparece gracias a la gran cantidad de aportes recibidos, los cuales tratan temas muy diversos, que oscilan entre lo práctico y lo teórico, entre la espiritualidad y el materialismo, entre la violencia y el afecto. Es así como en las siguientes páginas se puede encontrar información relativa a la gestación, al juego y los juguetes, al género, a los movimientos estudiantiles, a las instituciones como el SENAME, la niñez en Walmapu, etcétera. Sin ánimos de tratar el tema de la niñez y la juventud de forma exhaustiva, con este número pretendemos abrir el debate en torno a nuestra relación con los más pequeños y las más pequeñas, dando a entender la complejidad y las múltiples aristas que supone dicha tarea.

Reconocemos aquí una tarea pendiente: la posibilidad de que sean los niños y las niñas quienes protagonicen –en primera persona– estas páginas. Comprendemos la complejidad que esto representa y construimos esta revista como un primer paso para avanzar a que esa sea la conformación de todas nuestras luchas, incluyendo sus voces y sus puntos de vista.

Nuestra apuesta se encamina a lo siguiente: forjar y fortalecer espacios y relaciones en donde niños, niñas y jóvenes puedan desarrollarse plenamente y puedan aportar en distintos ámbitos de la vida, entendiéndolos ante todo como una alteridad, como sujetos válidos en su diferencia, y no como meros seres inmaduros e incompletos en camino a ser adultos o adultas. En este sentido, lo que nos interesa es derribar cualquier dejo de adultocentrismo. Es decir, una visión de mundo en donde el adulto y la adulta son quienes ostentan la verdad y ejercen todo el poder, entendiéndolo como una forma más de autoritarismo y opresión. Porque reconocemos a la niñez y a la juventud como fuerzas y energías necesarias para transformar profundamente la realidad.

Para fortalecer esta perspectiva, nos hemos propuesto comprender a niños y niñas no como infantes (etimológicamente: “jóvenes que no hablan, personas sin voz”), sino como seres íntegros, a quienes nos parece de suma importancia facilitarles todos los espacios y herramientas posibles para su expresión y desarrollo, entendiéndolos y entendiéndolas, a pesar de su falta de experiencia, como interlocutores válidos, capaces de observar –dada la pureza de sus miradas– con la claridad que muchas veces no tenemos.

Desde esa reflexión conjunta, hemos determinado el nombre de nuestra revista, “Niñez y Juventud”, en tanto valoramos estas instancias de la vida ya no como un tránsito hacia la adultez, sino desde la riqueza que cada una de ellas contiene en su desarrollo, descubrimiento y aporte necesario para la sociedad. No será materia de esta revista establecer las edades que delimiten cada una de estas instancias, sino más bien dar cuenta de que ninguna de ellas remite a personas inacabadas o incompletas, sin voz o inferiores, sino a seres que –como demuestran los textos que aquí se exponen– han sido actores relevantes y complejos.

Con respecto a la juventud, no es novedad mencionar que hablamos de una etapa en la vida en donde todo se revoluciona, inclusive a nivel biológico. No obstante, nuestro anhelo es que toda la rebeldía y conflictividad inherentes a la juventud no sean acaparadas por el mercado, canalizando el descontento sólo en estilos de vestir y en el consumo de mercancía alternativa; ni que den pie a un nihilismo depresivo, en donde el sinsentido propio del mundo capitalista inmovilice, en vez de abrir sendas a un ejercicio de la voluntad libre. Y es que a lo largo de la historia son muchos los indicios que permiten afirmar que la juventud es y ha sido un agente capaz de llevar a cabo profundas transformaciones, tanto a nivel político como social y cultural, razón por la cual resulta relevante contribuir en su desarrollo político e ideológico, a partir de un trato horizontal, sin sermones, adoctrinamientos ni subestimaciones, buscando su integración y compromiso en las distintas experiencias de organización social.

Con todo lo antes dicho, no pretendemos defender la tesis de Rousseau (“el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad quien lo corrompe”); ni menos abogar por un anarco-primitivismo vacío, entendiendo lo “arcaico” y “original” como algo superior (idealizando, en este caso, la figura de niños y niñas como pequeños y pequeñas salvajes); así como tampoco concebimos la adultez ni el hecho de buscar algún tipo de estabilidad como algo negativo en sí mismo. Más bien, queremos instalar la idea de que las distintas instancias de la vida son complementarias, en donde, en múltiples sentidos, es provechosa la interacción de personas de distintas edades. Por lo mismo, pensamos estas páginas no sólo para madres, padres y educadores o educadoras, sino para todas las personas que tengan el anhelo de mejorar su relación con el entorno, con vistas a participar activamente en su transformación, reconociendo la niñez y la juventud como fuerzas que nos impulsan constantemente, aunque estén escondidas por ahí, veladas entre los recuerdos.

Por | 2019-01-03T14:35:01+00:00 enero 3rd, 2019|Artículos|Sin comentarios

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