Presentación de El infierno al lado De la Iglesia

Notas para recordar:

Presentación de El infierno al lado de la iglesia, de Luis Alberto Tureo Barrales

El testimonio de Luis Alberto Tureo Barrales se suma a un largo camino de lucha por verdad y justicia social. Un granito de arena, como él mismo escribe, pero con otros granitos se volvería una infinidad dentro de nuestra breve existencia. Sus crónicas testimoniales están impregnadas de un profundo sentido de solidaridad y organización, valores que resulta urgente reivindicar con fuerza. Sus palabras animan a persistir en la batalla, al tiempo que develan el horror y la sistematicidad de las violaciones a los derechos humanos.

Sumergirme en su historia me hizo sentir y pensar: volver a pasar por el corazón. Recordé los numerosos relatos de sobrevivientes del ex Cuartel Terranova, hoy sitio de memorias Villa Grimaldi, que nutren la narrativa de los recorridos pedagógicos. Son los testimonios que nos permiten reflexionar con las nuevas generaciones en torno a la importancia de la solidaridad, la resiliencia y la capacidad de resistir y de luchar. Actos de dignidad que ocurrieron en las peores condiciones posibles del terrorismo de Estado y que restituyen la humanidad ante el propósito planificado de la tortura, de deshumanizar e infundir el miedo. NO VENCIERON, porque no nos convirtieron en ellos.

Sin embargo, aún permanece esa sociedad impuesta en dictadura, profundizada por el neoliberalismo en democracia. Relata Luis: “Mis atónitos ojos observaron por primera vez, y con profunda amargura, la sociedad civil dentro de esa nueva ‘normalidad’. Transitaban como si nada hubiese ocurrido. Todo indicaba que vivían en otro mundo y nosotros simplemente no existíamos para ellos.”

En el Chile neoliberal de hoy, con una clase política/empresarial que continúa propagando el miedo para resguardar sus intereses; en el país de las zonas de sacrificio; de niñeces intoxicadas en las escuelas; de trabajadores y trabajadoras rebosantes de metales pesados en sus cuerpos; de dirigentas ambientales asesinadas o desaparecidas; con desaparición forzada en plena democracia. En esta nación extractivista que se vende a las grandes empresas, es preciso reivindicar la solidaridad, la organización social y la promoción de los derechos humanos y de la naturaleza, que es deber de los Estados garantizar. Sin ingenuidad, por eso es importante organizarnos. Tal como relata Luis, las personas presas se organizaron hasta en los campos de concentración: en el consejo de ancianos, en el periódico Chacabuco 73, en la pulpería, en el policlínico, en los cursos de alfabetización, en el correo, en la biblioteca y mediante el desarrollo de un sinnúmero de artes y oficios.

Por lo demás, el rol de las mujeres es esencial en dicha organización. Por ejemplo, con los soporopos, muñecos confeccionados por ellas y entregados como regalo a las visitas, los cuales “escondían en su interior un solidario secreto: información de toda naturaleza que permitió sortear la censura e incomunicación”, como bien rememora Luis.

Gracias a su relato, me sumergí en la emoción profunda de esos detalles que dan cuenta de la dimensión subjetiva y del sentir de las personas, tan vital, y que muchas veces recibe menor importancia en nuestras luchas. Por ejemplo, Mariela (o Paula), quien comparte en Londres 38 una manzana con el resto de los secuestrados. Recuerda Luis: “Esta sublime actitud solidaria, y en las condiciones en que fue realizada, no hay cómo describirla. Puedo decir simplemente: ESTO SOMOS.” O las llegadas y las salidas, como el episodio dentro del Estadio Chile: “Al llegar a la cancha, compañeros preocupados nos preguntaban qué necesitábamos, de dónde veníamos y si queríamos comer algo.” También la partida desde Melinka, en Puchuncaví, cuando los que se quedan en la prisión cantan el “Himno de la alegría” para despedirse de los que parten camino a la libertad. O, simplemente, los aromas, los colores y las vetas de las maderas que tallaba en los campos de concentración. “Me transmiten naturaleza, recordándome que soy parte de un todo”, nos cuenta.

En resumen, lo que la dictadura masacró en la sociedad civil, resistió en prisión: la solidaridad, la dignidad, el amor por la vida. Por lo mismo, el valor de estos testimonios, en los trabajos relativos a la educación en derechos humanos y la pedagogía de la memoria, resulta fundamental, tanto para dar cuenta de la verdad como para exigir justicia. Los recuerdos son divergentes, pero los hechos derivados del terrorismo de Estado y los crímenes de lesa humanidad son indesmentibles. No precisamente gracias a que los perpetradores, agentes del mismo aparato represivo, hayan dicho la verdad, sino por las y los sobrevivientes.

Para finalizar, vuelvo a esa sociedad que Luis observa camino al destierro: “En el trayecto constataba, más allá del clima, un país socialmente frío y triste. Esta imagen no la olvidaré nunca.” A su vez, las presas y los presos, en las condiciones más difíciles, seguían organizándose. Por lo mismo, espero que este testimonio se grabe en las memorias de ese Chile frío y triste, pero de solidaridad y lucha.

Mariana Zegers Izquierdo
20 de marzo de 2025
Londres 38, Santiago de Chile
Por | 2026-07-28T21:40:53+00:00 julio 28th, 2026|Uncategorized|Sin comentarios

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