Experiencias de Control Comunitario

Por Equipo Anagénesis
Publicado originalmente en Revista Anagénesis N.8, 2014.

Dentro de la discusión que se ha instalado durante los últimos años de movimientos sociales, las consignas de educación pública, gratuita y de calidad han marcado las banderas de lucha del movimiento estudiantil. Sin embargo, en distintos sectores del país, se han levantado iniciativas que van más allá de la demanda y que han iniciado un camino de construcción desde la vereda de la autogestión y el control comunitario. Perspectiva que ha estado ausente en las consignas, pero que las 3 experiencias que exponemos a continuación, dan cuenta de que es posible pensar otra forma de educarnos.



Mi pequeño mundo organizado
mipequenomundorganizado@gmail.com

Levantar una iniciativa educacional autónoma y autogestionada no es fácil, y probablemente si lo pensamos desde la perspectiva de la niñez, se torna más complicado. O delicado quizás. Pero el empoderamiento de las madres y padres de La Pintana para erradicar el concepto convencional de educación, currículum y evaluación pudo más. Buscan convertir el proceso en algo integral y transversal, donde el aprendizaje salga de los límites de una sala de clases.

Entre dibujos y pinturas de planetas, meteoritos y una nave espacial en proceso de construcción, nos reciben los niños del jardín infantil “Mi pequeño mundo organizado” (MPMO) de La Pintana. Después de proponer ellos mismos diferentes temas y realizar una votación conjunta, ganó “el universo”, por lo que estos días conocerán, dibujarán e incluso recrearán lo que es estar en el espacio.

Este jardín surgió el 2011 en la población Pablo de Rokha de La Pintana, debido a la inquietud de las madres y padres de tomar las riendas de la educación de sus hijos. Por esto decidieron crear un jardín donde ellos tuvieran un rol real. De inmediato se comenzó a juntar dinero y a buscar un terreno. Entre ires y venires, este pequeño planeta se instaló en un espacio sideral de la población San Ricardo, en la misma comuna.

MPMO es considerado por la JUNJI como un CECI (Centro Educativo y Cultural de Infancia), programa que nació después del terremoto del 2010 como una manera de ayudar a reconstruir los jardines con problemas de estructura y derrumbes. Pero este caso, era una construcción desde cero, por lo que tuvieron que aumentar los fondos con bingos, ventas e incluso pedir un préstamo bancario, para completar la edificación y comenzar a funcionar en marzo 2012. Un CECI equivale a prekinder, tiene un enfoque comunitario – artístico y está dirigido a niños de entre 2 a 5 años. Funciona con una técnico parvularia y un agente comunitario, que debe ser alguien de la misma población o comunidad, algún apoderado o vecino que se involucre ciento por ciento en el proceso.

Ahora, lejos de la formalidad del rol JUNJI y sus parámetros, el objetivo de los vecinos es lograr trabajo en comunidad, que la idea inicial de involucrarse en la educación y día a día de los niños no se difumine. También en la gestión, ya que el apoyo del Estado es precario, irónico para una alternativa educacional que se plantea en las comunas con menos recursos de Santiago. Para esto se organizan mediante asambleas, donde participan los vecinos y se informan de lo que pasa dentro de las salas de clases de sus hijos y de los talleres extraprogramáticos, como el de recuperación de estudios, taller de defensa colectiva y taller de guitarra.

Si bien los mismos apoderados quisieron generar esta instancia de aprendizaje, ha costado que toda la comunidad se integre, ya que al ser gratuita y con voluntarios se genera una peculiar desconfianza al no entenderse aún el tema del voluntariado. Simplemente no entienden por qué alguien querría enseñar y ayudar sin nada monetario a cambio. “Hay una idea instalada de ‘si es gratis es de pobres’ que nace de ellos mismos. Tuvimos que empezar un trabajo de difusión con la comunidad para explicar el sentido del jardín, darnos a conocer y demostrar que no queríamos construir esto para ganar plata, sino para que ellos mismos se hicieran cargo”, nos cuenta Claudio Duque, involucrado en el proceso de formación y tallerista de arte del jardín. “Tuvimos que dejar en claro que somos personas igual que ellos, que creemos en un modelo de educación igualitaria. No sólo basta con pensarlo y gritarlo, también hay que concretarlo. Ahí la gente empezó a confiar”, afirma.

Pero aún con todas las ganas y buena voluntad, perseguir este ideal ha sido difícil, llevan un buen tiempo en proceso y ven la falta de motivación del entorno. Todavía no se pueden lograr todas las metas ni funcionar como quieren, ya que recién al estrecharse los lazos comunitarios y comprometerse con el proyecto se podrá concretar el fin común. “El ideal es que los apoderados se empoderen de esta educación, sin la JUNJI, esto debería ser completamente de nosotros, para que ellos vean que sí depende de ellos lo que se genera acá”, cuenta Valentina Leyton, encargada de MPMO. “Los niños perciben la participación de los padres, y se notan las realidades diferentes. Queremos lograr que la casa y el jardín no sean mundos completamente distintos, que haya coherencia en el aprendizaje en todo ámbito. Los garabatos son una iniciación a la escritura, pero para un niño que nunca tomó un lápiz en su casa, será distinto”, enfatiza.

Esto recién toma forma. El concepto de educación y el mismo sistema que lo envuelve es lo que se cuestiona, ya que no sucede todo necesariamente en el colegio o la sala, sino que también en la calle y en la casa, de manera horizontal y participativa.



Escuela Comunitaria República Dominicana

En diciembre del 2012 comenzó un fenómeno de cierre de escuelas públicas en el país, bajo los argumentos de baja matrícula, deficiencia en la calidad educacional y mala infraestructura. En total, fueron 42 establecimientos los que cerraron sus puertas dejando a sus alumnos sin matrícula para el año siguiente.

Entre ellos estuvo el República Dominicana de La Florida, que marcó la diferencia en este proceso. Las madres y apoderados de los niños de este colegio comenzaron un camino de resistencia para revertir la decisión municipal, por medio de una toma que marcó el primer gran momento de esta experiencia, cuyo fin era exigir la reapertura del establecimiento, aunque al poco andar, y ya con el apoyo de distintos actores sociales, decidieron pasar de las exigencias a la construcción comunitaria de un proyecto educativo.

Los padres, madres y apoderados, se organizaron para tomar el control de las tareas del colegio, como barrer, limpiar baños, dar almuerzo, recibir y cuidar a los niños. El proyecto se construyó entre todas y todos los actores involucrados de manera horizontal y participativa, enfocados también en que éste fuera capaz de vincular las necesidades del territorio (Villa O’Higgins, La Florida)

En lo pedagógico, durante este proceso, contaron con el apoyo del DEP (Departamento de Estudios Pedagógicos de la U. de Chile) que incluyó a la Escuela como centro de práctica de los estudiantes de pedagogía. Todo ese trabajó dio como fruto el proyecto del Liceo Polivalente Escuela Comunitaria República Dominicana, que sería presentado a la Municipalidad para mantener el control del colegio por la vía formal.

Fueron 11 meses de trabajo constante y comprometido, tanto de la comunidad escolar, como de los voluntarios que apoyaban el proyecto donde se consolidó la experiencia educacional de autogestión y control comunitario más importante y simbólica que se haya visto en los últimos años y que terminó abruptamente con el desalojo ordenado por el alcalde de La Florida, Rodolfo Carter en diciembre del 2013.



Universidad Popular del Cura Jimmy

El proyecto de Universidad Popular Cura Jimmy nace el 2013 de una experiencia de trabajo colectivo entre estudiantes de Sociología de la Universidad de Chile y el Centro de Desarrollo Social del Movimiento de Pobladores por la Dignidad (MPD). Desde ese vínculo, y como parte de un trabajo universitario, se genera la idea de desarrollar una iniciativa que pudiera dar solución a los bajos niveles de organización popular en Lo Barnechea, diagnóstico que es realizado por los propios pobladores.

Ante esto surge la idea de un curso de elaboración de proyectos que busca enfrentar ese problema y comienza a desarrollarse en la Sede de la Junta de Vecinos Bicentenario.

Durante su primer año, se imparten 3 talleres: uno de Historia Social y Local, en el que se enfatiza que todas las personas que participan del espacio son sujetos transformadores de la historia; por otro lado, está el taller de Comunicación Popular, que busca enseñar como la comunicación afecta en la comunidad y además se entregan herramientas de expresión oral y corporal para el fortalecimientos de las habilidades de los participantes; y, finalmente, el de Diseño de Proyectos, donde se enseñan herramientas técnicas sobre redacción de proyectos  que tiene como objetivo que los estudiantes puedan postular a fondos o implementar sus iniciativas a través de autogestión.

Según explica Matías Flores, uno de los impulsores de la Universidad Popular “la idea era que fuera un proyecto que, desde una perspectiva de construcción de poder popular y organización popular, no fuera una institución en que la gente de manera vertical recibiera conocimientos y que solamente se quedara ahí, sino que la idea es partir del reconocimiento de que todas las personas que participan son sujetos transformadores y que, en ese sentido, son el centro del aprendizaje.”

La iniciativa tuvo una buena acogida por parte de los vecinos, lo que permitió ampliar la Universidad el 2014, con un proyecto consolidado, validado por la comunidad y pensado y construido por gente del territorio. En esta nueva etapa, y con el resultado de los proyectos  de huerto comunitario, tradición folclórica y comunicación interna, desarrollados por los alumnos durante el 2013, se sumaron 2 cursos, uno de acompañamiento en la implementación de esos proyectos y un curso de Nivelación de Estudios.

Por | 2018-10-08T23:29:27+00:00 octubre 8th, 2018|Articulos, Educación|Sin comentarios

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